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El filo del aliento
Dame
el filo del aliento que late entre los dientes
un trepidante beso de azafrán
el desnudo del labio sin menguante.
Dame de beber
los cuatro reinos despiadados
tu yo desvanecido
el pescasueños que cuelga
en la cabecera de tu cama.
Dame
la liviandad de tu carne magra
un instante de sol
el tumulto de risa
que retumba y desvanece.
Dame
un beso de algodón
la cordillera más alta de los Andes
la torre de Auvers y su ventana
un extraño para sacrificar
su corazón en vano.
Dame
la soledad de tu habitación en llamas
el gozo reflejado en el centro del espejo
la llave de bronce y la repisa
incluso
el nublado de tu día más triste.
Dame
todo lo que te mueve
la misma desolación que a veces te consume
la violenta ternura de tu sangre
el deleite del agua aleteando debajo del ombligo.
Dame
la jaula que espera en el infierno
la pesadilla oscura
las suaves cuestas y los gritos
las últimas raíces circulares de tu acento.
Dame la muerte
que solitaria adivina mi presente.
De: Tal vez seremos inmortales, Colombia, 2008
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